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La preservación del patrimonio y desarrollo religioso son gracias al turismo religioso

Desde hace siglos, han ocurrido desplazamientos debidos al fervor y a la devoción religiosa como a Fray Leopoldo. Y para ello no importa el sexo, credo o estrato social pues son  millones los peregrinos que cada año realizan este tipo de viajes hasta los diversos santuarios. 

Para ello, los motivos han de ser diferentes, desde hacer una oración, hasta realizar ofrendas de algo, solicitar favores o cumplir alguna tradición. El turismo con motivos religiosos resulta una actividad fiel para los destinos de visita que los turistas tradicionales o con otras motivaciones deciden visitar. 

En tal sentido, el turismo religioso suele representar una excelente oportunidad cuando se trata del desarrollo de actividades turísticas, pues a diferencia del turismo tradicional, este se comporta de forma recurrente en el sitio en un periodo de tiempo menor, por lo que resulta un turismo más fiel al sitio de visita.

Haciendo un poco de historia, el término latín de la palabra primitiva peregrinus hacía referencia a aquella persona que se disponía a viajar por países extranjeros, pero también a aquella que no tenía derecho de ciudadanía. 

Encontró su origen en la composición de dos vocablos per-agros, con la que era posible describir a la persona que camina (pasa) a través del campo, en los exteriores de su casa, lejos de ella (peregre -«en el extranjero», «no en casa»). De tal manera, el término peregrinatio significa una estancia fuera del país, una andadura, un viaje, una visita hacia los países extranjeros. 

Fue entonces cuando en el siglo XII, el vocablo peregrinatio comenzó a designar sin duda alguna la práctica religiosa de visitar lugares sagrados. 

En el «Documento de la Santa Sede sobre el Peregrinaje del 2000», se llegó a estimar que durante cada año los centros destinados a rendir culto religioso reciben entre unos 220 – 250 millones de personas, y de éstas, un aproximado de 150 millones, es decir un 60%- 70%, son cristianos. 

Del mismo modo, se estima que tan sólo en Europa, unos 30 millones de cristianos, sobre todo católicos, dedican sus vacaciones (o una parte de ellas) a realizar una peregrinación. Un ejemplo de ello es Polonia donde en las migraciones de peregrinación llegan a participar cada año al menos entre 5 y 7 millones de personas,lo que se traduce como más del 15% de la población. 

Asi mismo, parte de los católicos segidores del rito romano y oriental, de la iglesia ortodoxa peregrinan, tambien del judaísmo e islam. Ante tales datos, Polonia puede contarse entre los países que cuentan con una actividad de peregrinaciones excepcionalmente desarrollada.

A los centros de culto religioso cristiano más grandes en el mundo y que atraen a un total de alrededor de 25 millones de peregrinos pertenecen: Roma con el Vaticano (aproximadamente 8 millones), Lourdes (6 millones), Claromontana (4 – 5 millones), Fatima (4 millones) y Guadalupe, México (2 millones). 

Entre los santuarios cristianos, un papel importante lo desempeñan los santuarios marianos. Los santuarios marianos pertenecen – en la opinión del Santo Padre – a «la herencia espiritual y cultural de un pueblo dado y poseen una gran fuerza de atracción y radiación». La mayoría de los lugares de peregrinación del cristianismo está relacionada con el culto de la Virgen (alrededor del 80%).